17 oct. 2012

Minas de Santa Constanza


Uno de los principales atractivos de la zona del Marquesado del Zenete reside en su gran patrimonio minero, donde la riqueza minera del lugar no sólo reside en la explotación de de las minas de Alquife, sino también en otros yacimientos cercanos que no son tan conocidos. Un claro ejemplo son las minas de Santa Constanza de Jérez del Marquesado, de donde salió el cobre que se utilizó para hacer las primeras pesetas que se acuñaron tras la Guerra Civil.
Este gran legado industrial se encuentra en estos momentos en un estado de abandono y de expolio bastante notable aunque en la zona aún se puede vislumbrar lo que fue una impresionante industria que tuvo su mayor auge en la segunda mitad del siglo XIX.
Las minas de cobre de Jérez pueden explicar por sí solas toda la historia conocida de la minería desde sus inicios, allá por la Edad de los Metales, hasta llegar a lo que fue su verdadero auge en el siglo XIX con la Revolución Industrial.
La explotación minera de este yacimiento no ha sido totalmente lineal, sino que a lo largo de su historia ha tenido varios recesos.
Entre 1770-1808 fue explotada por la compañía de minas Jérez-Lanteira.
En 1850 Humberto Meersmans (cónsul belga) compra la compañía de minas y funda en 1865 la Fábrica de fundición "San Fulgencio" que era una fábrica de amalgamación (método de extracción de metales nobles), para el tratamiento del cobre argentífero de Jerez, Aldeire, Lanteira y Sierra de Baza. Su momento álgido de producción se dá en 1869. A partir de aquí, la empresa estuvo funcionando hasta 1908, cuando por motivos de bajada de precios del cobre decidió paralizar la producción.
La explotación minera de Santa Constanza vuelve a retomarse justo después de la Guerra Civil en 1941, con el establecimiento de la autarquía donde España cierra sus fronteras a la entrada de mercancías.
La empresa, que pasó a denominarse en sus últimos años Mina 10, estaría activa hasta 1955, año de su cierre definitivo. Es un periodo muy corto, que comienza verdaderamente en 1946, ya que antes tan sólo se habían realizado labores de limpieza y preparación. Sólo se explota la vena de Santa Ana y el material se lleva a una fábrica de Córdoba para acuñar las primeras pesetas rubias que se hicieron tras la Guerra Civil. La importancia de Santa Constanza en el siglo XIX no sólo estaba en la pureza de su cobre, sino también en una ingeniería muy avanzada para su época.
El complejo minero-industrial de Jérez del Marquesado estaba compuesto, por una fábrica de fundición, una planta de tratamiento del metal, pozos (entre ellos el principal, llamado Pozo Josefina), un castillete, una capilla, y un importante poblado de 33 viviendas para los trabajadores, que llegaron a ser alrededor de 200 en su momento más álgido. Las galerías eran subterráneas llegando hasta los 125 metros de profundidad, compuestas de siete plantas repartidas en más de 500 metros de longitud. Eran galerías impresionantes de dos metros de ancho por dos metros de alto.
La suspensión de la actividad se debió fundamentalmente a la entrada en España de cobre procedente de Chile, que era mucho más barato, y al interés de los empresarios de la mina por dedicarse a la ganadería y a la cría de caballos.
Su actual dueño es José Manuel Meersmans.
Una de las leyendas que se cuentan, es que las minas también tenían oro en su interior y que los empresarios registraban a los trabajadores la ropa por si escondían pepitas. Este hecho no ha podido ser confirmado, aunque sí hay algunos indicios de que pudiera haber oro en pequeñas proporciones.


3 comentarios:

  1. Qué cierto! en el siglo XX mis dos abuelos aún trabajaron en ambas. Y he escuchado a mis padres contar cómo andando les llevaban la comida cada día. Lo poco que había en aquellos tiempos. Tiempos difíciles.
    Muy interesante conocer más datos sobre estas minas y sobre su historia. Y más aún cuando sabes que familiares se han dejado parte de su sudor en ellas. Bueno, uno de ellos menos pues estaba en la oficina.

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  2. Mi suegro también trabajo allí

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